
A veces leemos esto en la historia del bullmastiff y no entendemos a qué se refiere. Pues bien, la idea que tuvieron los guardabosques británicos con esta raza fue la de tener un perro que cuidase los bosques del rey y la nobleza británica, pero que no mordiera a las personas, debido a que la ley de aquel entonces permitía el libre tránsito de las personas y no así la caza. Por lo tanto, el perro debía discriminar entre uno y otro y jamás atacar.
Para ello, y a diferencia de lo que hacían con los otros perros guardianes, el bullmastiff empezó a convivir al interior de la casa del guardabosques con toda su familia, impregnando así en su temperamento, un amor incondicional por ella y un enorme equilibrio en su actuar.
En la actualidad gozamos de este trabajo desarrollado hace dos siglos atrás y podemos disfrutar de un gran perro guardián, pero equilibrado y con un amor incondicional por su familia, de actividad física moderada y que incluso puede vivir sin problemas en un departamento.